Último mensaje por Navidad y año nuevo del Obispo de Guantánamo-Baracoa recuerda a las familias afectadas por el huracán Matthew

24 diciembre, 2016 en 10:06 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

maisi-huracan-matthew-02El mensaje de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, Obispo de Guantánamo-Baracoa con motivo de la Navidad y año nuevo recuerda la inmensa ola de solidaridad y ayuda recibida por las familias damnificadas por el paso del huracán Matthew por lso municipios de Baracoa, Maisi, Imías, Yateras y San Antonio en Sur en los primeros días del mes de octubre.

El blog Historias de Vida comparte el texto integro del mensaje que fue transmitido por la radio provincial guantanamera.Queridos hijos e hijas: … La Navidad, como lamentablemente no es  conocido por todos los cubanos, es la fiesta que recuerda el nacimiento de Jesucristo, hace más de dos mil años. Jesucristo vino tan igual a nosotros, tan idéntico, que parecía uno más de la familia. Niño como todos los niños. Pobre y necesitado como muchos en este mundo. Nació baja la mirada serena mirada de la Virgen María  y su esposo José, en un pequeño e insignificante pueblo que todavía hoy se llama Belén. No escogió Roma, Grecia, Mesopotamia ni Egipto, que eran grandes   pueblos  de aquellos tiempos…  No había televisión ni periodistas que cubrieran el acontecimiento. Los primeros en enterarse de su nacimiento, los primeros en estar con él, fueron los humildes, la gente sencilla, unos pastores que cuidaban sus ovejas en medio de la noche y oyeron aquel mensaje de gozo: “Les anuncio una gran alegría: hoy les ha nacido el Salvador, que es Cristo, el Señor”. Por eso a esta noche el mundo entero le llama la NOCHEBUENA porque en ella nació Jesucristo, la luz que llegaba para iluminar  a todos.

navidadDespués de los pastores tendrían su oportunidad los “sabios del mundo” representados en aquellos que la tradición popular llama Melchor, Gaspar y Baltasar, o los tres Reyes Magos, que  vinieron de lejos, “del Oriente”, con los regalos del oro, el incienso, la mirra… y sus rodillas. Ellos, arrodillados, reconocieron que nadie hay más grande que Dios.

Pero lo cierto que es que la gran mayoría de la humanidad no se enteró de la buena noticias del Dios hecho hombre. Ya siglos antes, los primeros hombres buscaron a dios a tientas y consideraron dioses o manifestaciones divinas a los fenómenos de la naturaleza que ellos no sabían explicar como el sol, la luna, los rayos, la lluvia, el arcoíris, los terremotos, los eclipses, huracanes, etc. Hubo y hay todavía regiones de la tierra donde se le rindió o rinde culto, como si fueran dioses, a vacas, serpientes, toros, carneros, cocodrilos, halcones, leones y hasta gatos.

También hoy en día hay personas que no conocen al Dios de Jesucristo y buscan sinceramente a Dios, Ciertamente, el ateísmo tampoco resulta simpático entre nosotros, los cubanos, capaces incluso de afirmar que “hay que creer en algo”. A ese “algo” muchos le llaman el Poder Superior, el Gran Arquitecto, el Justo Juez, el Ser Supremo, el Creador, el Altísimo, el Gran Poder, etc. Fue con el nacimiento de Jesucristo, y porque él nos lo enseñó, que los hombres empezamos a llamar a Dios: Padre nuestro, que los hombres comenzamos a conocer qué cerca estaba Dios de nosotros. Por eso alguien una vez confesó: “Durante 30 años anduve buscando a Dios. Cuando al fin lo encontré, me di cuenta que era él quien me buscaba  a mi”. Ése podría ser tu caso.

Cada Navidad es fiesta para Dios y para los hombres. Con San Agustín debemos repetir: “Nos has creado para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Meditemos lo que nos dice San Juan en su evangelio: “Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su Hijo único, Jesucristo, para que no se pierda ninguno de nosotros”. ¡Reconozcamos humildemente que muchas veces dimos la espalda al Dios verdadero, al Dios de Jesucristo, y convertimos en dioses a hombres de carne y hueso como nosotros, o endiosamos ya no a la luna ni a los eclipses sino al dinero, el poder, la fama, el sexo, la opinión de los demás, la comida, la bebida, los bienes materiales, etc!

Para recordar el nacimiento de Jesucristo se construyó en Belén la Iglesia de la Natividad, cuya puerta principal, curiosamente, solo tiene poco más de un metro de altura, por lo que todos los que quieran entrar tendrán que agacharse. Todos…menos los niños, que pueden pasar por la puerta sin problemas. Y aquí ya tenemos una lección que aprender: para acercarnos a Dios es necesario “hacernos niños”, bajar la cabeza, reconocer nuestra pequeñez, rebajarnos, ser humildes o, como dice un refrán africano, “bajarnos del elefante” en que nos hemos subido y aceptar que los hombres podemos tres o cuatro cosas pero que solo Dios lo puede todo… que todos somos una y mil veces pecadores mientras que Dios es el único tres veces santo… que Dios, y no ningún hombre, es el que es eterno, quien todo lo sabe, el que todo lo ve, el que es perfecto… Sólo los niños, y los que son como los niños, pueden acercarse serenamente al pesebre de Belén y entender a Dios.

La Navidad fue, es y debe seguir siendo la fiesta de la familia. ¡Que Dios bendiga toda iniciativa que ustedes tengan para reunir en estos días a sus familiares bajo un mismo techo, o alrededor de una misma mesa, o juntos en una iglesia! ¡Que todos sepamos  valorar nuestros apellidos, que nos recuerden a que familia pertenecemos y a qué familiares debemos proteger! ¡Que de manera especial tengamos un gesto para con las personas conocidas que, aunque no tengan nuestros apellidos, viven solas y no tienen a nadie con quien compartir! ¡Que no nos olvidemos en estos días de los viejitos  de los asilos, de los presos y de los enfermos sin familia! ¡Que recemos juntos en el hogar porque “la familia que rece unida permanece unida”!

dscf7837No debemos olvidar, que en esta ocasión, la Navidad será difícil para muchas familias cubanas que han sido dañadas por el huracán Matthew, Dios nos puso por delante la gran oportunidad de practicar las obras de misericordia. Si grande fue ese huracán malo, más impresionante ha sido otro huracán, llamémosle bueno, que trajo sobre los damnificados una enorme ola de solidaridad y ayuda. Las comunidades de toda Cuba no se quedaron atrás y enviaron dinero, ropa, comida y personal humano para ayudar a los que lo necesitaban. Recemos en esta Navidad por nuestros hermanos necesitados de Baracoa, Maisi, Imias, San Antonio y Yateras.

Queridos todos: Una costumbre muy linda que hemos sabido conservar entre nosotros es que, en Navidad y Año Nuevo, nos felicitemos mutuamente. Felicidades, nos dicen. Y nosotros contestamos: ¡Lo propio! o también ¡Igualmente! y eso es encantador, porque el verbo felicitar vienen del latín felicitare, que significa hacer feliz.

¿Se imagina ustedes que distinto sería este mundo, Cuba, Guantánamo, nuestras comunidades, nuestras familias, si cada uno se propusiera hacer felicitar, hacer  feliz a los que los rodean?…¿si cada uno se dedicara a pensar menos en su propia felicidad para buscar la felicidad de los demás?..¿si los esposos y esposas se dijeran mutuamente: yo quiero hacerte feliz a ti?

Si hacemos esto habrá Navidad. Ojalá que en esta Navidad le abramos el corazón a Jesucristo. Ojalá que en esta Navidad perdonemos de corazón a quien nos haya ofendido. Ojalá que en esta Navidad alegremos el corazón de un enfermo o de un viejito del Hogar de Ancianos.

Y como el refrán dice “año nuevo, vida nueva”, rezo para que en este próximo año todos seamos un poquito mejores. ¡Tantas personas a nuestro alrededor están necesitadas de que se les escuche, se les oriente, se les dé amor, se les ayude! Con optimismo, todos debemos realizar lo que enseña un proverbio italiano: “Si cada pequeño hombre, en un pequeño mundo, hace una pequeña cosa, el mundo cambia”.

iglesia-baracoa-02Aprovecho esta oportunidad de poder hablarles por la Radio de Guantánamo, para pedirles que recen por mí. En días pasados, el Papa Francisco me ha pedido pasar  a ser el Arzobispo de Camagüey. Necesito  su oración pues la nueva tarea asusta. Los invito a multiplicar esa oración el sábado 21 de enero, día en que dará comienzo allá mi servicio pastoral. Les confieso que me voy con el corazón entristecido.  He aprendido mucho con ustedes. Cuando llegué aquí, hace diez años, les pedí que me enseñaran a ser obispo. Pienso que el alumno no lo aprendió todo, pero doy gracias a Dios por los buenos maestros que tuve. Me llevo a Guantánamo y a su gente en mi corazón. Gracias por todo. No los olvidaré nunca. Gracias, gracias.

Termino dándoles mi bendición. Que esta bendición por la Navidad vaya, de manera especial, sobre los enfermos, los presos, los minusválidos, los que viven solos, los que están lejos de su familia  y de su tierra cubana, los matrimonios sin hijos o con hijos difíciles, los que se han alejado de Dios y no saben como volver, y sobre los que se sienten tristes o solos.

Que la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos ustedes y los acompañe hoy y siempre. Amén.

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