De Anam a Vietnam, entre leyendas

17 marzo, 2015 en 10:08 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Vista del aeropuerto Noi Bai, en la capital  vietnamita

Vista del aeropuerto Noi Bai, en la capital vietnamita

Ya no existe en Vietnam «el cargador que se muere joven del cansancio, tirando del coche de dos ruedas», como aquel que agoniza en un conmovedor relato martiano. La patria de Ho Chi Minh es otro país en el mismo espacio geográfico.

Por: José Llamos Camejo

Fotos: Tomadas de Internet

Dos veces he andado «por la orilla del mar, debajo de China», esa entrañable porción del planeta, que Martí dibujó en el mapa de mi conciencia. Hasta allá me arrastró la corriente impetuosa de una estremecedora historia, narrada por el apóstol siglo y cuarto antes de que yo aterrizara en Hanói, a bordo de un moderno A330.

El roce de la mirada con el primer renglón del relato, me sumergió en sucesivas transmutaciones: de chiquillo curioso a lector conmovido, a náufrago en la oceánica pesadilla de Anam. Entonces fui la impotencia y la ira y el dolor frente a las penas sin nombre, vi a «un moribundo,…a un monje que pedía limosnas… y a un viejo pobre, vestido de harapos».

Minutos antes de recalar en aquella tragedia, había partido desde el aula del quinto grado de una escuelita primaria, en lo abrupto de la geografía baracoense; allí comenzó mi aventura: Un paseo por la tierra de los anamitas.

La oportunidad de reeditarla llegó inesperadamente en el dos mil catorce, por encargo de la Unión de Periodistas de Cuba. Esta vez la expedición partió de La Habana. Y cuando Hanói se aproximaba al vigésimo primer sol de octubre, traspasé el umbral de la terminal aérea Noi Bai; quedé pasmado, era otra nación en el mismo espacio geográfico.

No, ya no existe en Vietnam «el cargador que se muere joven del cansancio, tirando del coche de dos ruedas», como aquel que agoniza en la desgarradora fotografía de la prosa martiana.

Ahora los anamitas andan en coches, sí, pero en coches modernos, tan modernos como las motocicletas -aunque los autos abundan menos que ellas-; por algo Vietnam registra la mayor densidad de motos por habitantes en el planeta.

Solo en Ciudad Ho Chi Minh, la más poblada de la nación, existen seis millones de esos vehículos de dos ruedas, es decir, uno por cada 1,23 habitantes, mientras en Hanói circulan otras 5 millones (1 por cada 1,3 pobladores).

Las motos imperan con superioridad absoluta en las calles de cualquier ciudad vietnamita, son las

Las motos son como habitantes más en Vietnam

Las motos son como habitantes más en Vietnam

grandes protagonistas de los agitados amaneceres que reciclan las escenas convulsas del final de las tardes: una oleada de motos, autos, bicicletas y otros vehículos, en puja por escapar del embotellamiento.

Vi la primera estampida de motos en ese país, en la avenida que enlaza a Hanói con su magnífico aeródromo, una arteria que impresiona por su altivez señorial: es ancha, agitada, majestuosa, infinita, semeja un Mekong desbordado que se abre paso entre árboles y poblados, a lo largo de 27 kilómetros.

Recorrerla fue un espectáculo. Desde la ventanilla del vehículo en marcha me pareció contemplar un cuadro naturalista en sucesión cinematográfica, en la distancia los edificios parecen rasgarle el vientre a las nubes, el contraste es impresionante.

Llegamos, y en breve caminábamos por Hanói, sin tiempo para reponer energías. Así empezó la primera de seis inolvidables jornadas de intercambios y recorridos, por tierra anamita.

Flashazos de la prosa martiana, con toda su belleza, con toda su precisión, irrumpían en nuestras miradas, a cada paso: templos, budas, dioses de bronce, historias, palacios de madera, «pagodas con calles de estatuas, columnas y lagos en los patios, la música extraña de clarín y de violinete». Parecían estampas salidas de la pluma del periodista mayor, en de Un paseo por la tierra de los anamitas.

Torre_Keangnam, en Hanoi, consideradas como el              edifico más alto de Vietnam.

Torre_Keangnam, en Hanoi, consideradas como el edifico más alto de Vietnam

Ese encanto seductor de aquellos parajes hizo delicioso el castigo al que me sometieron las 12 horas de diferencia entre La Habana y Hanói. Durante el día los ojos se refugiaban en la abundancia de atractivos exóticos, para no ceder a reclamos del mismo sueño que se ausentaba en la cama.

Y así, unas veces toreando al sueño, otras espantando al insomnio, recordaba que una vez el Tío Ho comentó la distancia entre Cuba y Vietnam: “…nuestros países geográficamente son antípodas (…) cuando uno duerme el otro está despierto”.

Bendita la mirada que resistió los embates de tan intensas jornadas. Después de todo, es mejor no dormir cuando se camina entre leyendas, como en Vietnam, donde no existe montaña sin gloria, valle sin épica, camino sin epopeya. (CONTINUARÁ)

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