Mensaje de Navidad de Obispo de la Iglesia Católica Guantánamo-Baracoa recuerda que el 2013 será el Año de la Fe

24 diciembre, 2012 en 11:05 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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iglesia_católica_guantanamoComo ya es tradicional monseñor Wilfredo Pino Estévez,      Obispo de la iglesia católica de Guantánamo – Baracoa dio a conocer a través de la emisora provincial de Radio su mensaje  con motivo de la navidad y año nuevo  donde recordó que el 2013 será el Año de la Fe como lo ha pedido el Papa Benedicto XVI.

Monseñor dijo que los baracoenses y los guantanameros festejaran este año de manera especial y deseó una Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo a Cristianos y no Cristianos.

El Blog Historias de Vida le propone el texto íntegro del Mensaje…

Querido hijos e hijas: ¡Felicidades  quiere desearle hoy su obispo porque esta noche es noche buena y mañana, Navidad. Noche buena le llamamos a la noche de hoy, la del 24 al 25 de diciembre. Noche buena porque en ella nació Jesucristo, La luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Noche buena porque en ella  dios se ha puesto al alcance de cada persona. Noche buena porque ya desde entonces nuestros pecados fueron perdonados  y nosotros aprendimos a perdonar a los demás. A todos porque, sin excepción,  nos llego una buena noticia: ¨Hoy nos ha nacido un Salvador, que es Cristo, el señor. (Lc. 2, 11).    

La navidad es pues la fiesta que recuerda el nacimiento de Jesucristo, hace más de dos mil años. Jesucristo vino tan igual a nosotros, tan idéntico que parecía uno mas de la familia. Niño como todos los niños. Pobre y necesitados como muchos en este mundo. Nació bajo la serena mirada de la virgen María y su esposo José, en un pequeño e insignificante pueblo que todavía hoy se llama velen (Lc 2, 6). No escogió ninguno de los grandes pueblos de aquellos pueblos como Roma, Grecia, Mesopotamia ni Egipto. Los primeros de  enterarse de su nacimiento, los primeros en estar con el. Fueron los humildes, la gente sencilla, unos pastores que cuidaban sus ovejas en medio de la noche  (Lc. 2, 8). Y oyeron aquel mensaje de gozo: ¨ Les anuncio una gran alegría: hoy le a nacido el salvador  que es Cristo, el Señor”  (Lc. 2, 11). Después de los pastores tendrían su oportunidad los “sabios de este mundo” representados en aquellos que la tradición popular llama Melchor, Gaspar Y Baltasar a los tres reyes magos, extranjeros que vinieron de lejos, “del Oriente” (Mt, 2, 1), con los regalos del oro , el incienso, la mirra… y sus rodillas. Ellos, arrodillados, reconocieron que nadie hay mas grande que Dios.     

Hoy día, 2012 Años después de su nacimiento Jesucristo sigue ganando muños corazones. Los que tratamos de vivir según sus enseñanzas nos llamamos Cristianos. Muchos hombres y mujeres, a lo largo de estos siglos, hemos sido marcados por él. A no pocos, incluso, les ha tocado sufrir algún tipo de persecución por su fe en él.

Hay un escrito que quiero compartir en esta ocasión con ustedes. Es del siglo II después de Cristo y nos habla de cómo eran, como vivían, cómo actuaban, los primeros cristianos, Dice así:

“Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por el lugar donde viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tiene ciudades propias ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no a sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.

Viven en ciudades griegas y barbarás, según les cupo en suerte; siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestra de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todas, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.  

Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía esta en el cielo. Obedecen las leyes establecidas y con su modo de vivir  superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlo. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ellos les sirven de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.

Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en afecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible esta encerrada en la cárcel del cuerpo visible; Los cristianos viven visibles en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, solo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.

 El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que este la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma esta encerada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan rete nidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en morradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; También los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más, Tan importante es el puesto que dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.” (De la carta a Diogneto).

Hasta aquí esta bella y profunda reflexión de hace casi 20 siglos. La fiesta de la navidad nos recuerda, pues, que dios esta con nosotros. Rezo para que Cuba sepa mantener el espíritu de Navidad durante todo el año: la unidad de la familia, la preocupación por los más necesitados, el deseo de hacer nuevas todas las cosas! ¡Rezo para que no perdamos la esperanza en que las cosas mejoraran! Rezo para que cada uno en si hogar, delante de un crucifijo, repita esta oración: “S grande es mi cruz, más grande es mi fe”.

Ojalá que, siguiendo en todo momento las enseñanzas de Jesucristo, hagamos que el espíritu  navideño llene los días de este nuevo año que estamos a punto de comenzar y que será el “Año de la Fe”, como nos lo ha pedido el Papa Benedicto XVI. Los guantanameros y especialmente los baracoesos, vamos a celebrar este año en grande. Y la razón es que fue por Baracoa que llegó la fe en Jesucristo a nuestra tierra cubana hace poco más de 500 años. Allí plantó Colón una Cruz, la Cruz de la Parra, reconocida hoy  oficialmente como Monumento Nacional y Tesoro de la Nación Cubana. Allí sus habitantes aprendieron el catecismo y los 10 mandamientos de la Ley de Dios.. Allí aprendieron no solo a creer en Dios sino a poder hablar con él y rezaron el primer padrenuestro y la primera Avememaría en el Nuevo Mundo. Allí aprendimos todos que el mal se puede vencer con el bien, que el amor es más fuerte que el odio y que es posible perdonar a quien nos haya ofendido.

Los invito ahora a escuchar y hacer propia la siguiente oración de Año nuevo que me ha enviado una persona amiga:

“Señor Dios, Dueño del tiempo y de la eternidad, del hoy, del mañana y del pasado; al terminar este año quiero darte gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y  el sol, por la alegría y el dolor, por lo que fue posible y por lo que no pudo ser. Te ofrezco lo que hice en este año, el trabajo que pude realizar, las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir. Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, mi familia, los antiguos amigos y las nuevas amistades; a los que pude escuchar y los que lo hicieron conmigo, los más cercanos a mí y los que están más distantes; los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar; aquellos con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría, y aquellos que ya no están.

Pronto llegarán los días de un almanaque aún sin estrenar y te presento  esos días que solo Tú sabes  si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y lo míos, la paz, la alegría, la fuerza, la esperanza, la prudencia, la claridad y la sabiduría para vivirlos bien. Quiero vivir cada día con optimismo, alegría y bondad, llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz. Cierra mis oídos a toda falsedad y mis labios a las palabras críticas, mentirosas, egoístas o hirientes, abriendo  en cambio mi ser a todo lo que es bueno. Que me espíritu se llene solo de bendiciones y las derrame a mi paso. Cólmame de bondad y alegría para que cuantos vivan conmigo se acerquen a mí y encuentren en mi vida un poquito de Ti. Danos, Señor, un Año sano y lleno de felicidad para compartirla con los demás. Amén.”

Termino dándoles una bendición por la Navidad, que ella vaya especialmente sobre los enfermos, los presos, los minusválidos, los que viven solos, los que están lejos de su familia y de su tierra cubana, los abuelitos de los Hogares de ancianos, los que sufren, los que se sienten tristes, los que lamentan la muerte reciente de un ser querido, y los que han perdido la alegría que nace de la virtud de la esperanza. ¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo!

Y que la bendición de Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos y los acompañe hoy. Mañana y cada día del próximo año. Amén.

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